miércoles, 8 de abril de 2009

La decadencia del paro oligárquico, por Joe Cornejo

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) La semana pasada, Mirtha Legrand almorzaba con Hugo Biolcati, vicepresidente de la Sociedad Rural, y con Eduardo Buzzi, responsable de la Federación Agraria. La Doña Rosa de la televisión argentina les manifestaba su apoyo y expresaba críticas hacia al gobierno de lo más insólitas (“deben sonreír más”, por ejemplo). Pero en un momento les advierte “no corten las rutas, eso molesta mucho a la gente”. Entonces tuve un insight. El psicoanálisis considera un insight hacer conciente algo que no nos dábamos cuenta. Ocurre abruptamente. Mi insight fue notar que la ofensiva de la patronal agropecuaria tiene un consenso social mínimo, circunscrito a apretados circuitos de clase media.

Empecé a prestar atención minuciosa al discurso de los medios. Grondona, militante de la “rebelión farmer”, se pasó casi un tercio de su programa entrevistando a los autores de una baladita que defiende al campo. Evidentemente, no tenía a nadie con algún grado de importancia social. Los “tractorazos” se dan en pueblitos con nula representatividad demográfica (anteayer Aldea San Antonio, por ejemplo). Los supuestos gobernadores que abandonaban el oficialismo dejaron plantados en varias oportunidades a los ruralistas. Apenas algún intendente opositor, un puñado de legisladores (coinciden curiosamente con quienes no votaron contra la asunción de Patti) y la actitud errática del gobernador Schiaretti fueron los “éxitos” de la operación política de la Sociedad Rural. Si las encuestas sirven para algo, Artemio López señalaba que la imagen positiva de Cristina continúa entre el 50 y 60%, sin resentirse por la ofensiva mediático – oligárquica. La economía sigue creciendo a ritmos chinos y la pantomima del dólar fue aplastada por un Banco Central con más reservas que las de Perón en el 45.

Y está el caso Clarín, promotor de las manifestaciones urbanas contra el gobierno. Las cámaras de TN estuvieron una semana en Santa Fe y Pueyrredón. Sin embargo no pudieron lograr ni siquiera la fallida movilización de caceroleros del martes 26 de marzo, que tampoco era tan grande como querían hacer creer. El Grupo, fiel a su único principio histórico de su interés inmediato, decidió tomar gradual distancia del campo. Y entonces, “el paro histórico” de los dos últimos meses se convirtió ayer en “el gobierno llama al diálogo pero el campo prefirió parar”. Esto se puede ver muy claro en la periodista responsable de las noticias mañaneras de canal 13, Débora Pérez Volpi, incapaz de producir una sola idea que no se la indique la gerencia del Grupo Clarín.

Por qué Clarín se comporta así y cuán sustentable es esta conducta merece una nota aparte, pero se me ocurren dos razones. Primero, su base social, sus militantes – lectores que salen disciplinadamente a cacerolear cuando el diario se los indica, fueron educados por dos décadas de apoliticismo. Se fastidian rápido y quieren volver a la comodidad de sus sillones a ver CQC. No les gusta el riesgo físico de tener que disputar una plaza. Segundo, el gobierno le ha abierto las puertas a organizaciones que luchan desde el regreso de la democracia por una nueva ley de Radiodifusión. La iniciativa recién va tomando parlamentario, pero de cobrar existencia cuestiona seriamente la condición monopólica del Grupo.

Ernestina Herrera de Noble y Héctor Magneto re-evalúan la correlación de fuerzas porque este puede ser un salto al vacío. El kirchnerismo es un proceso social nacido del 20 de diciembre de 2001, con una base social electoral formidable, una capacidad de movilización muy respetable, con militantes que inorgánicamente salen a recuperar la Plaza, con el apoyo incondicional de los trabajadores agrupados en la CGT y, algo más errático, los intendentes del populoso Conurbano. Con una pata patronal como la UIA (especialmente Techint). Con fuerte apoyo en el eje Atlántico de América Latina. Con tres años y medios de gestión por delante. Incluso la humilde Agencia Paco Urondo le propinó un puntapié al poderoso Grupo expulsando a un corresponsal de un acto. La ofensiva cacerolera estaba basada en un tremendo error de diagnóstico: el kirchnerismo no es el delarruismo.

Lo cierto es que la patronal rural va quedando en un peligroso aislamiento. De Angeli será un nuevo Blumberg, esas marionetas que cuando se vuelven inútiles, los medios abandonan a su suerte. Por primera vez en su bicentenaria historia, la patronal del agro está ante un dilema de hierro. Deben evaluar con mucha inteligencia hasta cuando seguir extorsionando con sus cortes de ruta al Estado y al conjunto del Pueblo argentino. Porque la socialdemocracia termina en el alfonsinismo, y el peronismo, mal que les pese a muchos Di Tella, Tenembaum y Aníbal Ibarra no es socialdemocracia. Utilizará toda la fuerza de la ley, del Estado y de la legitimidad popular para restablecer los caminos... hacia la justicia social. (Agencia Paco Urondo)

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