miércoles, 8 de abril de 2009

La hora de América Latina, por Daniel Kaminszczik

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) La crisis financiera internacional desatada en los últimos meses a raiz de la quiebra de las mayores entidades crediticias de la metrópolis imperial y cuyo pico máximo pareciera no haberse alcanzado aún, va adquiriendo, con el paso de los días, ribetes no sólo impensables apenas medio año atrás sino categóricamente elocuentes a la hora de analizar las políticas que rigieron la ecomómía global durante las últimas cuatro décadas.Tras la hiper-millonaria intervención de la Reserva Federal para el salvataje del sistema financiero estadounidense y el acuerdo entre bancos centrales para reducir medio punto las tasas de interés a fin de ablandar los créditos para las empresas, hoy los medios hablan de la posibilidad de una "nacionalización parcial" de la banca en Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania.

La caida del muro de Wall Street marca ciertamente un antes y un después.
El "Mercado", elevado por los adalides del capitalismo salvaje al rango de dios todopoderoso e indiscutible, hoy se rinde ante el mismo Estado al cual, apenas unos días atrás, le negaba tajantemente la autoridad y capacidad para intervenir en su accionar y su hijo dilecto, el paradigma neoliberal, es un cadaver al cual sólo se atreven a llorar los abanderados de la avaricia y el egoismo.
Los nostálgicos de la pizza con champagne.

Para los pueblos de nuestra región, que gracias a las políticas "a contramano" del mercado financiero internacional (a excepción quizás, en cierta medida, de Brasil) llevadas adelante en los años recientes y al proceso de integración que, más allá de matices particulares, demostró ampliamente su efectividad en la cumbre de Santiago de Chile sosteniendo al régimen de Evo Morales, cuya caida representaría un quiebre irreversible en el proceso de unidad latinoamericana, se abre una oprtunidad única e irrepetible.

La riqueza, hasta hace un rato apenas medida en terminos de acumulación de dinero ficticio, deberá ser evaluada desde otro lugar.

La verdadera riqueza radicará en nuestros recursos naturales y en la capacidad que tengamos de crear a partir de una cultura de trabajo y producción, los mecanismos necesarios para que dicha riqueza no se reparta entre unos pocos sino que sea puesta al servicio de la felicidad de los pueblos y de la emancipación definitiva de nuestra Patria Grande.

La profundización de la integración política y económica y la defensa recíproca en el continente serán de vital importancia pero también será imprescindible el fortalecimiento de nuestros Estados Nacionales.

Como en un match de Box, cuando uno de los contendientes boquea, el otro busca asestar el golpe certero que garantice la victoria, habra que tomar la ofensiva en la recuperación de los resortes económicos estratégicos de los cuales el Estado jamás debió haberse desligado así como el desarrollo de tecnología y energía propias que no sólo acompañen sino que impulsen decididamente el crecimiento.

Será indispensable también, sin lugar a dudas, la apertura de la participación popular en la generación y aplicación de políticas de control de, por ejemplo, las cadenas de comercialización de alimentos, medicamentos e insumos populares en general como así también la democratización de los medios de información, factores estos que han demostrado a las claras su apuesta por la desestabilización de los gobiernos populares en toda nuestra América, en favor de los sectores más concentrados y retrógados de la economía.

El reloj de la historia vuelve a marcar la Hora de los Pueblos.

No será facil pero, si sabemos aprovechar esta etapa, podremos finalmente construir la América del Sur Libre, Justa y Soberana que soñaron Tupac Amaru, San Martín, Bolivar, Artigas, Perón y tantos otros y que durante dos siglos nos fue negada a sangre y fuego.

Hoy es nuestro momento.
Y es ahora o nunca.
(Agencia Paco Urondo)

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