lunes, 1 de marzo de 2010

Enrique Oliva ingresó al comando celestial con los grandes del Pueblo y de la Patria, por Martín García


Capital Federal (Agencia Paco Urondo, publicado en www.nacionalypopular.com) Falleció juego de sufrir un prolongado conflicto entre el nervio ciático y sus vértebras, al que su corazón le dijo ¡Basta! el querido patriota Enrique Oliva, admirado como periodísta bajo el seudónimo de Francoise Lepot, y reconocido militante Uturunco de la guerrilla peronista de los 50 y 60. Los restos de Enrique Oliva serán velados en la Avenida Córdoba 5080 de la Capital Federal, a partir de las 14 horas de este domingo 28 de febrero de 2010, año del Bicentenario de la revolución de Mayo, y este lunes 1º de marzo a las 14:30 serán enterrados en la Chacarita donde moran muchos de nuestros antepasados. Sus familiares agradecen no enviar ofrendas florales. En su lugar, si. lo desean, pueden donar el equivalente al Comedor Infantil Estrella de Belén, ubicado en Barrio YPF, Manzana 22, Casa 46 de la ciudad de Buenos Aires www.comedorestrelladebelen.blogspot.com (tel. 011 5 236 5276).

Actualmente Enrique presidía el Instituto Malvinas e Islas del Atlántico Sur desde el que había apoyado y luchado junto a los Familiares de Caídos en el conflicto para imponer su propio Cementerio por los argentinos que yacen en las Islas. También era el Presidente de la Asociación de la Resistencia Peronista desde donde luchó junto a David Ramos, Esther El Kadri, Carlos Ponce y otros grandes compañeros para que se reconociera la heroica lucha de los defensores de la Democracia y la Constitución del 49, luego del golpe cruento de la Revolución Fusiladora, obteniendo en la Provincia de Buenos Aires y ahora en la Nación la indemnización que apenas encuentra vivos a sus heroicos y sacrificados protagonistas. Había sido un asiduo compañero de utopías en la Mesa de los Sueños de la Agrupación Oesterheld a la que llegó de la mano de Roberto Galán, cuando se reunían en la Parrilla Rosa de Uriburu y Peña que engalanaba Helenita Goñi.

Eran los tiempos de Alejandro Olmos y su juicio por la ilegal Deuda externa contra Martínez de Hoz y las Juntas Militares a quienes Alejandro había acorralado con montañas de evidencia hasta que, sin verlo, (muerto ya), el juez Ballestero no tuvo más remedio que sentenciar y evidenciar la patraña de los ladrones de guante blanco que había controlado la Dictadura del Proceso. Allí estuvo Enrique Oliva apoyando y acompañando al Gran Alejandro en sus demandas. La Oesterheld premiaría a Enrique Oliva con el Gran Premio del Año 2005 aunque Enrique en los últimos años, como antes, recibía un homenaje detrás del otro, en particular en los círculos de los malditos de la cultura nacional, aunque su ingreso al mundo virtual de Internet le había abierto escenarios juveniles multitudinarios y era un hombre reconocido en todos los estamentos donde se movió.

En el Siglo XXI Oliva había tocado el techo de los Grandes del Peronismo como Jauretche, Marechal, Scalabrini y hoy se va como uno de los más grandes. Nacido en 1923, era doctor en Ciencias Políticas y fue docente y secretario general de la Universidad Nacional de Cuyo (hoy de Mendoza). Después del 55 y en el exilio fue cercano compañero de José María Rosa. En Madrid recibió el título de Conde Duque de Oliva, por una broma de un compañero de penurias. Eso le valió algunos privilegios en la pensión en que estaba refugiado. Vuelto a la Patria, participó de la gesta del comandante Uturunco, precursor de la lucha popular armada en la Argentina. Más adelante, aunque no domesticado, a partir de 1964 fue fundador y primer rector de la Universidad del Neuquén, siete años después convertida en la actual Universidad Nacional del Comahue. Funcionario fundador del Conicet en 1951, ejerció la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto y entre 1991 y 1999 se desempeñó como asesor presidencial con rango de secretario de estado.

Como corresponsal de Clarín en Europa durante 15 años, hizo conocido el pseudónimo de François Lepot (para evitar la censura de la dictadura criminal de 1976). Sus artículos de entonces, hoy son de colección y los que escribiera en las redes de noticias nacionales y populares, estos años, son de culto. Sus crónicas de la Guerra de Malvinas de 1982 son imprescindibles. Cubrió distintas guerras y cumbres y entrevistó a personajes internacionales relevantes como presidentes y primeros ministros de Europa y otros continentes, incluidos Indira Gandhi en la India y Simon Peres en Israel. En 1986 fue el primer periodista argentino que piso suelo de las Malvinas después de la guerra. Dedicado preferentemente al análisis político, ha escrito varios libros dentro de esa tesitura, tales como Política de Negocios, Política Universitaria, La guerra revolucionaria en los Estados Unidos, De Gandhi a Goa, En el Golfo, Malvinas: el colonialismo de las multinacionales, Desde Londres y Vida Cotidiana.

El Rey De Araucanía Y Patagonia constituye un singular trabajo de reconstrucción histórica. Allí contaba la estafa que se quería consumar con este personaje pintoresco que era avalado por los intereses franceses e ingleses en la Patagonia. Enrique no solo escribió el libro sino que financió de su bolsillo el juicio que le hizo –ya que este pintoresco personaje que se autoproclamaba Rey había empapelado Europa con títulos de nobleza sobre el territorio patagónico, hasta que lo liquidó jurídicamente mostrando la oscuridad de su pretensión. Oliva ocupaba hoy en día, el sillón Manuel Láinez en la Academia del periodismo. Nunca me olvidaré de sus charlas sobre Manuel Ugarte acerca de las correrías amorosas del gran socialista nacional a la par de su galantería y discreción, sentados en el café La Biela, con un café de por medio. Deja a sus hijos Maite, recién llegada de España (Enrique acababa de recibir la noticia de un nuevo bisnieto) y Pancho henchidos de amor y de orgullo, ya que su padre fue un padre muy querido y un patriota amado.

Enrique había dicho en oportunidad del Comandante Faber de Uturuncos -Seguramente, se mantendrá en la memoria de cuantos humildes criollos lo conocieron. Así será con Enrique Oliva. Gran periodista. Guerrillero Uturunco. Compañero de utopías.

ENRIQUE OLIVA ¡PRESENTE!

Tu nombre será inscripto por el Pueblo de la Patría en el carro de la victoria para memoria de los hijos de los hijos de los hijos de esta tierra para que nunca sea una colonia la Patria Grande.

*Los Compañeros María Julián Chequer, Pancho Pestanha, Jose Luis Di Lorenzo y Enrique Manson aportaron a este relato. (Agencia Paco Urondo)

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