miércoles, 8 de abril de 2009

Diario de viaje de la compañera Marianushka en Israel y Palestina

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) En diciembre del 2007 fui a Israel a un pueblo llamado Carmiel o Karmiel, cerca del Líbano, están marcados los lugares donde caen los (misiles) katiuskas, desde el Líbano. En los pueblos judíos o en las grandes ciudades como Tel Aviv u otras, la guerra no se nota, salvo los jueves que los soldados marchan a sus casas. Estos/as soldados/as son muy jóvenes, ingresan a los dieciocho años pero los que somos de la generación del setenta no nos impresiona mucho, en mi caso fui delegada a partir de los diecinueve años y al ingresar a una organización armada tomé contacto enseguida con las armas, pero para la mayoría de nuestro pueblo (el argentino), resultaría todo muy extraño y difícil de ver. También existen reservistas, son aquellos que habiendo cumplido la etapa del ejército, están prontos a alistarse si el Ejército los llama.

Como decía antes, se ve a los soldados/as el jueves cuando parten a sus casas ya que el viernes en Israel comienza el Sabbat. Los trenes son una belleza, de dos pisos, con mesitas de cuatro asientos para poder comer (hay que tener en cuenta que las distancias son largas), hay baños (no se parecen al Roca o Sarmiento), todos forrados en una pana azul con flores. Por supuesto en Palestina no existen estos trenes.

Ahí es cuando se ve el movimiento de soldados/as, sino, no se vive como en situación de guerra. Esta se ve y se nota cerca de las fronteras en pueblos como Metula o Ehilat, el primero al norte ligado al Líbano y el segundo al sur pegado a Jordania y a la Franja de Cisjordania.

Cuando ingresé a Palestina fui llevada por un judío: ahí vi por primera vez el “muro”. Tendrá (quedé tan impresionada, no lo podía creer) más de 4 metros de alto, no sé, en realidad a mí - no sabía que existía - me impresionó mucho y esta perversidad es una de las tantas situaciones de represión en que viven los Palestinos. El judío que me llevó me dejó en manos de un árabe cristiano, que me dijo cuatro cosas: “no los mires a los ojos, no saques cigarrillos, no les compres nada y no les saques fotos”. Compañero quiero decirte que este viaje a Palestina salió en el momento, así que no estaba preparada, bueno pero uno sigue siendo esa militante de los 70 con un poco más de raciocinio. El cuerpo y las ideas siempre estarán.

Entré a Palestina por un puesto de control judío, no tuve que mostrarle nada, ni pasaporte ni revisada, pues estaba este árabe. Diferente es la situación en la que se ven sometidos los palestinos o los coches que salen de Palestina, el control se los cuento cuando yo también salga de Palestina.

La actitud mía al entrar, si bien “acepté” las consignas dichas por el árabe, era la de mirar y observar todo lo que pudiera, iba como para adentro con pudor musulmán como yo digo, es más fui vestida para que no se vieran los brazos ni nada del cuerpo, salvo mi rostro. Esto lo hice por respeto hacia los musulmanes, en especial a los palestinos. Si bien soy atea, siempre tengo un Dios mío y un gran respeto hacia las distintas religiones.

En la tierra en que viven los judíos no hay lugar que no este cultivado, sales de tu casa y vez plantadas todas clases de hierbas para las comidas, orégano, salvia, romero, tomillo, etc. En Palestina todo es gris, salvo Belén que es un área turística especial para visitar la Basílica de la Natividad - los cristianos consideran que nació Jesús -. Esto significa que se ve pobreza, comparado con Israel, y con los árabes que viven en Israel. Los edificios y casas en Palestina carecen de pintura, no existen los trenes, no hay movimiento de gente, se nota tristeza. Tampoco hay monic (taxi de diez personas en Israel, muy cómodas tipo combis, cuestan 10 shekels moneda israelita). Las calles son empedradas. Los comercios están ligados al turismo. La venta de souvenires se paga en dólares, son carísimos.

Los palestinos venden postres de muchos colores en fuentes muy grandes y dan ganas de comer. Además está el famoso baklava, considerado el más sublime de los postres, tienen el hojaldre originario de Alandalus y de toda la España mozárabe. Yo comí en Palestina (en calle Florida, Buenos Aires, hay un barcito que lo hace). También tienen una carne de cordero o cebú y se asan con un fierro en el medio y se va agregando un jugo compuesto de agua con muchos yuyos, no sé cuáles son. Se come mucho con la mano y hay un plato que comen tanto árabes como judíos, con mucho pan “pita”, especie de figazza muy grande y muy finita. Y tomé mucho café, no solo en Palestina, (los argentinos le decimos a la turca, mal dicho pues todos los países árabes lo toman así). Es un café fuerte con borra, corto y con mucho sabor a cardamomo sin azúcar.

No se ve a ningún soldado palestino. Lejos de Belén se ven las calles pintadas con consignas contra Israel y USA, o pegatinas con las fotos de sus mártires. Le dije al árabe cristiano que quería hablar con algún palestino y que él me sirviera de intérprete a lo cual accedió y apareció con un palestino, con el clásico turbante (no me acuerdo el nombre). Le dije que me contara un poco cómo era vivir en Palestina y me dijo que era difícil, que uno al acostarse no sabía si al otro día iba a estar ahí o con Alá, pero él estaba dispuesto a morir tranquilo sabiendo que hizo lo imposible para recuperar sus tierras. Dos de sus seis hijos habían muertos en una Intifada, que si bien le gustaría tenerlos vivos, era el precio que tenían que pagar para ser libres. Cuando vi que los ojos del palestino comenzaron a llenarse de lágrimas, di por terminada esta serie de preguntas y lo abracé y le pedí disculpas por todo y que mi corazón estaba con ellos, a lo cual me agradeció y me bendijo. Este me emocionó y sentí mucha rabia hacia el enemigo. Me comentó que estaban con pocos comestibles ya que el gobierno israelí no les permitía la entrada de comida y otras cosas de primera necesidad.

A raíz de esto, en la Franja de Cizjordania, los palestinos tiraron el muro y entraron a Jordania. Lo que más compraron fue agua, no saquearon, y los jordanos le vendieron tranquilamente. En ningún momento hubo represión del lado jordano, en realidad miraron para el otro lado. Cuando digo que no saquearon, en verdad a mi me tiene sin cuidado. Pero del lado palestino es mejor así no le dan lugar a la represión… aunque muchas veces ésta es aplicada sin motivos.

En Palestina no se ve vida, la vida está puesta en los lugares que se pueda vender algo o comercializar o en los puestos de salida / entrada. Mi intención era quedarme a dormir pero el árabe me aconsejó que no era prudente pues después tenía que volver a Israel y yo sólo era una turista, que no tenía porqué quedarme a dormir y podría ser expulsada. Eso equivalía a no volver más a Israel, y yo tenía que tener abierta la puerta porque tengo muchos amigos.

A la salida tampoco me revisaron, había dos pasajes, separados por un alambre, por uno se salía y por el otro se entraba, ahí aproveche y miraban a los que entraban casi todos trabajan en Israel. Físicamente los palestinos de los judíos no difieren en nada, salvo que sea un judío descendiente de los países blancos, por ejemplo Bielorrusia. Tanto uno como otro son hermosos, son de un color mate tirando a morocho, ojos grandes y una boca muy sensual. ¡Guau, me gustaron los palestinos!

En la espera de que me viniera a buscar el judío, subí a la monic y saque fotos al puesto israelita y al paredón, a lo que el chofer de la monic me dijo que no sacara fotos. En verdad le entendí sin saber su idioma pero seguí sacando mientras le decía que no entendía. No me dio tiempo a fotografiar la revisación de un palestino que entraba a Israel. Lo palpaban tipo cárcel de Devoto durante la dictadura (lo único es que no le revisan el ano o a las mujeres no le revisan el paño si están indispuestas). Le hacían abrir la boca y como dije antes lo palpan todo y le pasan un detector para ver si lleva algún tipo de metal. En la requisa a coches hacen bajar a las personas, y este es revisado por todos lados, le pasan el detector y luego le pasan un aparato que tiene un espejo por abajo del chasis y así se puede ver si el coche no lleva algo abajo.

Me quedé pensando en el chofer. Creo que lo entendí por su mirada política. Era judío y podía además ser reservista. Ahí terminó mi visita a Palestina.

“No los mires a los ojos, no saques cigarrillos, no les compres nada y no les saques fotos”. Con respecto a estos cuatro puntos, 1, es que la mujer debe respeto al hombre que no conoce y por lo tanto no debe mirarlos a los ojos. 2, la mujer no fuma en público, sólo lo hace al interior de la casa. 3, si le compro a uno en la calle, le tengo que comprar a todos y 4, si saco fotos puedo ser israelita u yanqui.

Algo de política

Los árabes que viven en Israel, por ejemplo en el pueblo de Acco, tienen mucho poder adquisitivo y lo ostentan. Andan en 4 x 4, tanto los hombres como las mujeres. En los lugares públicos las mujeres tienen un lugar para fumar ellas solas, sus casas son muy confortables, mas allá de que por costumbre duerman en el piso. Los judíos dicen de estos que no terminan de construir sus casas para no pagar impuestos: hay una ley judía que dice que no paga impuestos quien no termine de construir sus casas. Esto lo vi y no entiendo para qué lo hacen, si sirve como medio para repudiar en donde viven, para sabotear al fisco o por no querer pagarlos porque ellos dicen que esa es su tierra.

Los judíos “más progres” comentan que el ministro Rabin fue asesinado en un complot organizado por la CIA y los sectores de derecha israelita junto a un sector de rabinos ortodoxos. Apartado: Rabin proviene del Partido Laborista, fue a la vez Primer ministro y ministro de Defensa. Este ocupa el segundo lugar en importancia. Ordenó el retiro de las tropas del Líbano, firmó la paz con Jordania. Y aunque yo dudo de la legitimidad le fue concedido el Premio Nóbel de la Paz y el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional. Un fanático religioso lo mató creo que en 1995.

Los judíos dicen que el tema es complejo y que nunca va a acabar. Me refiero en general a mis conocidos o amigos. Ellos comentan que existen grupos fundamentalistas de ambos lados. Del lado árabe Hamas y el Hezbolah, del lado judío los sectores más conservadores. Estos a veces no son religiosos, pero están ligados al cultivo de las tierras y tiene mucho peso en el gobierno. (Agencia Paco Urondo)

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