NAIROBI, KENYA, enero 31 (Agencia Paco Urondo) (Fuente TeleSur) Un desfile multicolor de unas 15 mil personas, con tambores y cánticos, que marcho desde el barrio de Kibera, quizás el asentamiento marginal más grande del mundo, hasta el céntrico parque Uhuru (Libertad) con la convicción de que “otro mundo es posible, marcó este sábado el inicio de la séptima edición del Foro Social Mundial (FSM) de Nairobi. Hombres y mujeres de Kenia, Uganda, Somalia, Sudan, Sudáfrica, Palestina, Israel, España, Brasil, Italia, Colombia, Francia, China, Vietnam, Corea, Estados Unidos, Canadá, Chile, India, la República Saharaui, México, Venezuela e Indonesia, entre otros, recorrieron las calles de Nairobi para manifestar que se reúnen en búsqueda de nuevas formas de mirar el mundo, y para exigir un mundo más justo y equitativo para todos.
Esta séptima edición del Foro Social Mundial, estos días de talleres, simposios, debates, procesiones, celebraciones y solidaridad serán cruciales para determinar su futuro y el futuro del llamado movimiento altermundista. Pero algo está claro: la consigna original del FSM, ''otro mundo es posible'', mantiene hoy toda su vigencia, aún en el reformado "otro mundo es necesario, imprescindible". Hay quienes dicen que ha llegado la hora de colocar el proceso mundial de cambio bajo el liderazgo de las propias personas que están en el frente de la lucha por la supervivencia. Lo cierto es que hemos pasado los últimos años criticando al proceso de globalización neoliberal, encabezado por las grandes empresas, y al gran sufrimiento causado por un sistema político y económico injusto, hemos diagnosticado, hablado mucho y ha actuado apenas algo en conjunto.
Pero parece haber llegado la hora de no considerar solamente los actores externos y los desequilibrios de poder, sino hacer una reflexión sobre la manera en que la sociedad civil está organizada y sus propios desequilibrios de poder. Lo cierto es que no se trata apenas de desequilibrios de poder entre organizaciones no gubernamentales (ONG) del norte y del sur; ni siquiera a nivel nacional entre ONG y organizaciones comunitarias de base. Hoy hablamos sobre creación, formación de ciudadanía, de empoderamiento de los pobres (que no es más que darle educación, salud, esperanza a las grandes mayorías excluidas). Pero lo cierto es que hay que preguntarse –y preguntarle a los dirigentes de los movimientos sociales, de las organizaciones populares- si están conscientes que eso significa delegar el poder, ceder poder.
Es ridículo venir a hablar, disertar, pontificar sobre pobreza en Nairobi: nadie sabe más de pobreza que los miles de mujeres, hombres, niñas y niños que viven en la carencia total, sin saber de dónde vendrá la próxima comida ni cuánto tiempo deberán vivir en un bosquejo de rancho que llaman su casa. Nadie sabe más de injusticia que aquellos que la enfrentan a diario y nadie tiene más interés en cambiar la situación que las propias comunidades afectadas. La realidad de la injusticia social, las condiciones más degradantes que pueda soportar un ser humano, golpea también a los visitantes. La exclusión, la injusticia social está a la vista de todos, de los miles que llegaron de distintas partes del mundo. Basta con una rápida, turística, visita a Kibera, el mayor asentamiento marginal del mundo, en el mismo Nairobi. Cerca de los verdes prados de las residencias burguesas, de los lujosos autos, de los campos de golf, de las reservas de jirafas y elefantes.
Muchos critican al Foro Social Mundial, pero no todos en la misma dirección ni con las mismas expectativas. Algunos dicen que el Foro, que se ha presentado como un desafío al capitalismo se ha transformado en parte del propio sistema que rechaza, obviamente con el apoyo de grandes Organizaciones No Gubernamentales y fundaciones del Norte. Otros señalan la incapacidad del Foro de integrar a todos los sectores de la sociedad, ya que se plantean diferentes versiones y visiones sobre el poder, la resistencia, el propio futuro del FSM. Hay quienes, incluso, dicen que se trata sólo de un evento turístico anual, en el que dirigentes profesionales de diferentes ONGs salen a recorrer el mundo.
Ante todo, es la primera vez que un Foro Mundial aterriza en África y de ahí que no pueda llamar la atención del lema ''Luchas populares, alternativas populares'', que ya de por si es un desafío para demostrar si el FSM esta a la altura de los movimientos sociales y los grupos populares africanos y si es capaz de ocuparse y abarcar la diversidad de problemas sociales, económicos, y políticos que hoy abruman a tantos millones de africanos. Doce de los 18 países más pobres que hoy tienen peores indicadores de desarrollo humano que hace tres lustros son africanos. Sudáfrica cayó 35 lugares, al 120, y Botswana, del 21 al 131. En la África subsahariana hay más de 206 millones de hambrientos, lo que marca un incremento de 50 por ciento entre 1980 y 2001. Es, además, la región más golpeada por el VIH/sida, con 27 millones de afectados y con más de 12 millones de niños que han quedado huérfanos por causa de esta enfermedad.
Lo cierto es que el pasado colonial y el presente neocolonial marcan este presente que refleja lo poco que se hace por solucionar los problemas africanos, pese a los promesas de los Objetivos del Milenio, pese a la anunciada reducción de la deuda de los países más pobres por parte de los más ricos (unos 40 mil millones de dólares) y aumentar las cifras de ayuda al desarrollo a 48 mil millones de dólares para 2007. Promesas internacionales. Promesas que nunca cumplieron. Conscientes de que poco se puede esperar del norte y sus promesas, los organizadores del FSM decidieron dedicar el cuarto día del evento a la consolidación de acciones conjuntas y campañas, dejando en el camino las críticas de turismo social o charlatanería. (Agencia Paco Urondo)
miércoles, 8 de abril de 2009
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