La víspera del sábado 24 llovió levemente en Buenos Aires. Muchos temieron por el clima durante el acto. Hicieron bien, pero no por la lluvia, sino por el calor. Hacia las cuatro de la tarde del sábado, hora estimada del inicio del encuentro, el canal de la temperatura señalaba un infernal “40” de sensación térmica.
El estadio se fue llenando gradualmente hasta colmarse. Los tucumanos fueron los primeros. Posteriormente, los compañeros se aglutinaban sobre Solís esperando. Muchos no pudieron entrar hasta bien comenzado el acto. La cancha del “Arse” tiene capacidad para 25 mil, y la concurrencia alcanzó el simbólico número de 30 mil.
El complejo sistema de organización funcionó como un reloj. No hubo disturbios de ningún tipo, los compañeros partieron del Estadio sin dificultad, los referentes tuvieron lugares preferenciales y los periodistas transitaron libremente. Esto permitió a Radio Madres (en “La última gota”) transmitir una parte importante del Encuentro. Incluso se reformó una parte de las vallas (hacia la derecha del palco) para que algunos asistentes pudieran desplegar banderas sin tapar la visión de los que estaban atrás. Las regionales aportaron un número importante de militantes para la seguridad el acontecimiento: solo de la regional platense asistieron más de 50. Desde arriba del escenario, el secretario de organización (Santiago Martorelli) controlaba todo. Muchos lo reconocieron porque el día anterior había aparecido su foto en una entrevista para el matutino progresista Página 12.
Mientras tocaba el Negro Fontova, el secretario general del Movimiento Evita, Emilio Pérsico, se paseaba entre los transeúntes. Cuestionado por un periodista de la revista XXIII por la heterogeneidad ideológica del Frente para la Victoria, Pérsico le dio un ejemplo histórico. “Cuando San Martín llegó a la Argentina venía de combatir en favor de los españoles por más de una década. ¡Tendrían que haberlo apresado! Sin embargo, condujo los ejércitos patriotas y hoy es uno de los mayores próceres latinoamericanos”.
La estampa más destacada de la tarde fue la popular local, rebosante de las banderolas rojinegras de la JP (lo que traía a los más adultos cierta reminiscencia a la revolución sandinista). A su derecha, las otras dos bandejas albergaban a los frentes barriales (Movimiento Evita por el Trabajo y la Dignidad), cooperativas, de mujeres y un sinnúmero de promotores.
Perpendicular a ellos, un escenario donde convergía todo el Frente para la Victoria los observaba complacidamente. Incluso para quienes vienen de una tradición en la militancia popular, la mística de las tribunas resultaba impactante.
Allí arriba, Scioli y Filmus acaparaban la expectativa en esta suerte de inauguración del año electoral. Pero había mucho más: referentes distritales del Movimiento con tradición en la militancia setentista; legisladores de todo origen entre los que estaba inmerso Rafael Bielsa y la sobrina nieta de Eva Perón (Cristina Álvarez Rodríguez), y el diputado bonaerense Fernando Navarro rodeado por los intendentes del sur metropolitano.
Emilio Pérsico abrió la palabra y Kunkel presentó a Scioli. Este cerró el acto con velocidad y un helicóptero se llevó rápidamente a los candidatos. En el calor de una tarde que oscurecía, resonaban las palabras de Pérsico: “todavía no sacamos a muchos compañeros del infierno pero este es el camino”. (Agencia Paco Urondo)
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