Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Por estos días, es casi un lugar común en muchos ambientes militantes, intelectuales e interesados en la política nacional señalar en el Gobierno Nacional la necesidad de una “autocrítica” que explique la derrota política en el Congreso, la cual permitió una importante victoria a las viejas y nuevas derechas locales.
Este artículo no seguirá ese camino por la siguiente razón: pudieron existir desaciertos varios de parte del Gobierno presidido por Cristina; sin embargo, todos se diluyen en un logro mayor que tiene que ver con el propio conflicto. Que se entienda con claridad: el movimiento político de resistencia conducido por los grandes terratenientes de la Pampa Húmeda (la Oligarquía de siempre), los monopólicos medios de comunicación y muchos sectores medios y altos disciplinados durante el neoliberalismo, es decir, la vieja y la nueva derecha, expresa la fortaleza central del actual proyecto político. Por primera vez en muchos años, un Gobierno se enfrentó con las peores corporaciones y con sus aliados (económicos e ideológicos).
En ese contexto, el Gobierno pudo defeccionar. No hubiera sido inédito en la historia nacional reciente que el Ejecutivo traicionara mandatos populares y se arrodillara ante los sectores más poderosos (la casa está en orden, leyes a medidas del FMI, etc.). Por eso, por su lealtad a la construcción de un Proyecto nacional y popular, este texto entiende que son más destacables los aciertos que los errores. Por eso también, su autor es militante kirchnerista.
Ahora, vale referirse a la pregunta que inaugura la exposición: ¿y la autocrítica del “pinosolanismo”? Con “pinosolanismo” nos referimos a figuras y espacios políticos determinados, como Pino Solanas, Claudio Lozano, Proyecto Sur, Alcira Argumedo (y podría sumarse al cercano bloque Solidaridad e Igualdad, integrado por Eduardo Macaluse y compañía). También expresa a amplios sectores medios urbanos, progresistas, siempre próximos a discursos vinculados con la distribución de la riqueza y la justicia social.
Como es sabido, los diputados Lozano y los del bloque SI votaron en contra de las retenciones móviles que gravaban fuertemente a los grandes exportadores de soja a través de un sistema de reintegros a pequeños productores. Con el cambio de esquema, se pasó de un arancel del 49% (según el precio actual del yuyo mágico) al 35%, sin compensaciones a los más chicos. Solanas y Proyecto Sur defendieron la actitud de sus legisladores y, por ende, el final de una resolución (la 125) que fortalecía la facultad del Estado para intervenir sobre extraordinarias rentabilidades. Por ende, todos se opusieron a una política concreta, específica (no abstracta, de conferencia de izquierda en hoteles lujosos) que permitía redistribuir las riquezas nacionales.
Dicho lo anterior ¿no es necesario que esos sectores intenten una autocrítica? Lozano esgrimió que no acompañó al proyecto oficial porque no introducía todas las modificaciones propuestas por él. Obviamente, se refirió a la "ausencia de diálogo" por parte del Gobierno, lugar común de derecha a izquierda. Nada dijo de las modificaciones del oficialismo intentando acercar los planteos alternativos. Lozano y el bloque SI afirmaron que no querían quedar “pegados” al Gobierno, aunque su accionar los mimetizara con Miguenz de Hoz, Llambía y De Angeli.
Solanas y Argumedo, de Proyecto Sur, quisieron explicar lo acontecido. Nada de errores propios, por supuesto. Para el cineasta y la pensadora, los 100 días de conflicto nada tuvieron que ver con intereses concentrados afectados. Cerca del “republicanismo” de Carrió señalaron “la soberbia y la obcecada actitud gubernamental” (ver Página 12, 18/07/08). También marcaron que al Gobierno lo caracterizan “formas de gobernabilidad más similares a monarquías absolutas”, en una aseveración perdida por el diario La Nación para su tapa dominical. No agregaron, como ejemplo, alguna “monarquía absoluta” del planeta que discuta sus intervenciones en el Congreso (aceptando una decisión en contra) y que promueva ampliamente la participación popular. Tampoco recordaron ningún rey o reina que admitiera discutir durante horas en un espacio abierto con intelectuales y artistas que lo increparan sobre diferentes temas (para algún desprevenido, me refiero a la visita de Kirchner al colectivo Carta Abierta). Como no podía ser de otro modo, pusieron el grito en el cielo para marcar la ausencia de políticas que graven las rentabilidades extraordinarias... de la minería. ¿Cómo votarían los legisladores de Proyecto Sur en el caso de una resolución que aumente retenciones a determinados minerales? Esperemos que en esa oportunidad el voto no sea negativo, con argumentos referidos a “todo lo que el Gobierno no hizo con las ganancias exorbitantes de la soja”.
Un proyecto nacional y popular que construya una Argentina productiva, solidaria, justa, profundamente democrática, debe incluir a amplios sectores sociales. La Plaza de los Dos Congresos del martes pasado expresó la capacidad del kirchnerismo para generar amplios consensos. Estuvieron Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, CGT, CTA, movimientos sociales y populares, PJ, fracciones del radicalismo, intelectuales y artistas (Colectivo Carta Abierta), intendentes y gobernadores de todo el país (y de todos los colores partidarios), sectores medios urbanos independientes (puede ser que me olvide de otros actores sociales).
Quedan afuera espacios progresistas, fracciones de clases medias, que nada tienen en común con las derechas locales, y que, por ende, deben ser seducidos para que participen en la construcción de una sociedad diferente. Porque esta es la verdadera oportunidad histórica que los argentinos no debemos dejar pasar.
(Agencia Paco Urondo)
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