miércoles, 8 de abril de 2009

El proyecto nacional como proyecto cultural, por Enrique de la Calle

San Miguel de Tucumán (Agencia Paco Urondo, enviado especial al II Congreso) “Congreso de Cultura” no es un buen nombre. Hace ruido por pretencioso, por soberbio. Suena a cultura reflexionada por los iluminados. Planteadas las reservas sobre el título, vale destacar que el II Congreso organizado por la Secretaría de Cultura nacional, que conduce José Pepe Nun, nada tuvo que ver con una propuesta elitista.

Durante cuatro días (del 16 al 19 de octubre), San Miguel de Tucumán asistió a jornadas de ebullición de ideas, charlas y actividades artísticas populares. No casualmente la sede elegida fue una vez más el interior del país: la Secretaría lleva a cabo una clara política federal; hacia allí arribaron alrededor de 4000 personas también llegadas de distintos puntos de la Argentina. Que entre los invitados estuviera la militante Agencia Paco Urondo, habla de la amplitud de la convocatoria.

Entre los expositores destaca una heterogénea lista de participantes: los intelectuales Horacio González y Ricardo Forster, el sindicalista Víctor Santa María, el cantante Jairo, los artistas plásticos Daniel Santoro y Rep, la militante indigenista Natalia Sarapura, el economista Aldo Ferrer (abrió el II Congreso), el escritor Juan Sasturain, el ministro nacional Carlos Tomada, el historiador salteño Martín Miguel de Güemes, entre tantos otros.

Por supuesto, no faltaron los foros abiertos de discusión que permitieron a los presentes discurrir sobre distintas temáticas. Las conclusiones se presentaron al cierre del Congreso y entre ellas se resaltó la necesidad de una Ley Federal de Cultura.

En la apertura, Ferrer vinculó la necesidad de pensar la cultura nacional en el marco de un modelo productivo, inclusivo, justo en los modos de distribuir las ganancias. Muchas mesas volvieron sobre ese eje: el desarrollo del país como proyecto cultural. Como resumen, puede recuperarse al filósofo Forster y sus planteos sobre los escenarios en los que deben brindarse la batalla contra el neoliberalismo: la economía, la política, y también el lenguaje, la comunicación, los universos simbólicos.

En ese sentido, estas actividades sirven para consolidar discursos, articular nuevos conceptos y palabras que permitan comprender el presente y construir un futuro venturoso para las mayorías populares de la Argentina. Si las “nuevas derechas” se constituyen sobre un vacío en el lenguaje propio de las luchas históricas, colectivas, se vuelve una exigencia política la reconstrucción de otras formas de decirnos, de identificarnos. (Agencia Paco Urondo)

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