jueves, 15 de abril de 2010

La Tierra es cuadrada, por Julio Piumato

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Artículo 1): A partir de la sanción de la presente Ley, cámbiese el principio científico por el cual vivió engañada la humanidad durante los últimos veinte siglos de existencia social, por el siguiente: el planeta Tierra presenta formas cuadradas.

Artículo 2): Comuníquese a la comunidad científica, publíquese, y con posterioridad, archívese en el cuartito del fondo, donde el Parlamento guarda sus normativas más oscuras, junto a los textos de las leyes de Residencia, Obediencia Debida y Punto Final.

Sólo así, con semejante negación por la realidad, explica el espectro antikirchnerista la creciente “crispación”, como le llaman, en que se desenvuelve el escenario político argentino. Ahora lo sabemos: todo era culpa de los ángulos de noventa grados que luce en sus bordes la Tierra, y que, debido a las medidas más extremas del gobierno, producen bruscos cambios, intempestivos y violentos, que alteran enormemente la pax social (o sea, la paz de cementerio que añora la derecha política, empleada del núcleo duro del poder económico, en la que sus privilegios de clase no se vean perturbados).

Esta nueva realidad, de fantasía, impuesta con una mayoría parlamentaria muy endeble, juntada de apuro, pegada con cinta de embalar, condenaría a la hoguera al propio Galileo. Para justificarla, recurrirán a argumentos de cotillón, que no resistirán el análisis de un niño lector de la revista Anteojito. El diputado Pinedo, con acento a Recoleta, suavizando la doble ere, con un buche de saliva adentro de los labios, dirá que, tras los resultados del 28 de junio y “el fin de la hegemonía K” en el Congreso, resulta necesario volver a la institucionalidad previa la ley de la gravedad.

El diputado Aguad, por su parte, conocido en su Córdoba natal por “El milico”, amigote de Luciano Benjamín Menéndez, radical como los centenares de funcionarios de segunda línea que dieron soporte burocrático a la estructura estatal de la dictadura, volará raudamente al Foreign Office, en Londres. Allí, le pedirá en audiencia oficial a la Reina de Inglaterra que extienda sus dominios de ultramar para, por fin, sacar del subdesarrollo a los cabecitas negras de América latina, esos porfiados que siguen creyendo que porque la Tierra es redonda, el Sur confundirá alguna vez sus extremos con el Norte, el Oeste con el Este, y podrá ser, también, soberano, o al menos, acabar con la unipolaridad.

Carlos Fayt, en tanto, con prosopopeya de jurista entrado en años, sobreviviente a todos los gobiernos y las más variadas coyunturas, retará a los noteros de la puerta de su casa y les dirá que es el peronismo el culpable de haber mantenido oculta la verdad que ahora la oposición saca a la luz: la cuadratura del círculo. Lo de Elisa Carrió tendrá, como todas sus apariciones televisivas, un toque místico. Confesará que fue un enviado del más allá, amigo de Fabio Zerpa, quien le secretó la infidencia: el kirchnerismo está llevando al abismo al país de tanto insistir en negar que el planeta es cuadrado, o, según los casos, rectangular. Recurrirá a su turno a las embajadas de los países centrales, para que acudan en salvaguarda de la razón que los K han extraviado.

A su turno, un periodista médico que ni juega limpio, ni la ve ni cuadrada, apuntará como un brujo que éste es otro de los síntomas de la grave enfermedad del poder que aqueja al matrimonio presidencial, ciego ante las evidencias de un planeta que ya no es más circular. Enviado por un diligente obispo irá un sacerdote a dar la extremaunción al mundo entero, no importa si creyente, por si después del descubrimiento científico de la oposición, acontece en la Tierra una seguidilla de terremotos y tsunamis, en cuyo caso haría bien el vicepresidente Cobos, por su conocimiento de las cordilleras y sus temblores, en sacar preventivamente las Fuerzas Armadas a la calle, como bien hizo el nuevo ídolo de las derechas latinoamericanas, Sebastián Piñera, en Chile.

Lo dirá Macri en TN, unos minutos después, en evidente gesto de campaña. “La primicia la tuve yo, gracias a Ciro James, que estaba en el Ministerio de Educación precisamente para eso: pinchar teléfonos de importantes científicos que estaban tras la pista de la falsa redondez de la Tierra”. Fernando “Pino” Solanas Pacheco, vivirá su día de gloria: con la nueva forma de la tierra por fin se acabará el negocio de la minería a cielo abierto, se alegrará. Buscará en antiguos filmes argumentos de izquierda para darle la razón a la Inquisición que hace cinco siglos ya decía que el planeta no podía ser redondo. Quizás salte el árbol que le impide ver la espesura del bosque en la que está inmerso, aunque es probable que se tropiece con el cactus que riega con ideas secas el valiente Grupo A, que integra con orgullo.

Lozano, amigo del cineasta, le echará la culpa de todo a las mediciones del INDEC; la Estenssoro, a Guillermo Moreno. Patricia Bullrich, a Moyano. Al dólar barato, Buzzi. “Son las retenciones”, dirá exultante la “Suciedad” Rural, buscando sacar rédito ante el brutal cambio de paradigma. Duhalde propondrá un gobierno de unidad nacional, en diagonal, que armonice a Videla y a las víctimas de la dictadura, que sea un híbrido de circunferencias y rectángulos. Lole Reutemann no sabrá qué hacer, ni a quién creerle. Dudará en voz alta como única certeza.

Los opinadores progres, en la retaguardia, atrás de todo, desperdiciarán la oportunidad histórica y se perderán divagando sobre “qué les pasó”. La ocasión, no obstante, no será disipada por el colorado De Narváez, natural de Colombia, quien ya se alista para invertir en nuevas empresas que adecuen la sociedad de consumo a las nuevas formas cuadradas del planeta. Sin embargo, la oposición, subida al carro de los vencedores, en bicicleta con rueditas, va por otra ley, incluso más vergonzante que aquélla. Si logra quórum, decretará que es el Sol, el mismo que Elisa Carrió se lleva por cantidades a su rostro, quien deba girar alrededor de los planetas, Tierra incluida. Que gobiernen Marte o Saturno, o la Tierra cuadrada que estableció torpemente la oposición, y nunca más el Sol. Es una buena metáfora del inaceptable intercambio de roles que pretende hacer, ese rejunte obstruccionista, entre Gobierno y Parlamento, no importa si llevándose puesta a la democracia.

El autor es Miembreo de la Comisión Política de la Corriente Nacional del Sindicalismo Pronista. (Agencia Paco Urondo)

1 comentario:

  1. buenisimo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    Gracias!

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