miércoles, 29 de julio de 2009

Los dinosaurios están vivos, Orlando Barone

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, gentileza Mónica Oporto) En “Jurassik Park”, Spielberg los resucita en la computadora. Y logra que reaparezcan como un terror oculto en la modernidad. Está ese famoso y breve cuento de Monterroso en que cuando el tipo se despierta, “el dinosaurio todavía estaba allí”. Y está Susana Giménez preguntándose en el siglo veintiuno si aún hay dinosaurios vivos. Y los hay. Es cierto que simulan estar muertos. Florentino Ameghino se cansó de desenterrar huesos prehistóricos en las pampas. Huesos, pero pelados, yertos. No es el caso del Gobierno. Confiado en que los dinosaurios habían entrado en el pasado se le ocurrió ir a despertarlos. Tremendo error el de no asegurarse previamente que los dinosaurios podían tener un despertar furioso de tanto haber estado amontonando pesadillas. La Mesa de Enlace es hoy la forma expuesta, rediviva, de ese dominio sicológico del dinosaurio pampeano desplegándose sobre una anacrónica aquiescencia argentina.

¿Adónde quiero llegar con todo esto? Sean pacientes. El próximo viernes el Gobierno elegido debería dialogar con la Mesa de enlace. La que aspira al “desenlace” a favor de sus intereses. Y al parecer también los de la patria presuntamente escriturada a nombre de ellos. Sus protagonistas han venido luchando para eso y han logrado consagrar la creencia. Y hasta consiguieron que la antigua oligarquía confraternizara con sus aliados los pequeños productores. Y ya sean de tamaño latifundio o de tamaño “mini” están tan juntos que forman una sola granja, chacra y estancia. Ver a los “mini” alegremente consustanciados con los grandes causa dolor de clase y vergüenza política. Todos ellos unidos determinaron en llamarse Campo. Y nadie los acusó por apropiación indebida del territorio y del mito. “Somos el Campo”. Nosotros, se decretaron. Los que estamos de este lado: el más vasto. El más rico. El más laborioso y fecundo. Y los grandes Medios, como si fuesen su correa de transmisión rentada auspiciosamente, lo propagaron. El Campo o la vida, el campo o la ruina, y el Campo o el campo, retahila chantajista que nos resigna. Y como uno de esos dinosaurios de Hollywood cada vez más grandes y de sobrealimentación omnívora, salen cíclicamente del pasado donde entraron pero desde donde vuelven espectrales todavía más vivos. Hasta los Martínez de Hoz han vuelto reivindicados por un cachorro de dinosaurio de alta fidelidad genética. Por eso si el Campo consiguiese todo, no sería raro que apenas al salir del diálogo empiece a reclamar que todavía le falta. Por favor Gobierno. Oposición campestre. Sociedad gaucha. Idealismo sojero. Inocentes votantes de Aniceto el gallo y del ombú y el hornero, de las idílicas lecturas de la escuela. ¡Por favor! Terminemos esta historia con el Campo. Dénle la razón y la sinrazón, y la renta a perpetuidad y a tenedor libre. Pero aún así no tengan esperanza.

El dinosaurio de campo es insaciable: no hay torrente de soja que lo sacie. (Agencia Paco Urondo)

2 comentarios:

  1. Excelente y valiente escrito de Orlando Barone. Una forma simpática de plantear cuestiones sustanciosas, reales e importantes... En un momento en que los medios se vuelcan tanto a apoyar proyectos de país que generararán más desigualdad social y pobreza...Felicitaciones Orlando!!.
    Cristina.

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  2. Gracias Cristina por el apoyo!

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